sábado, 25 de julio de 2026

Un cuarto propio de Virginia Woolf




«Ciertamente, era un placer volver a leer la escritura de un hombre. Era tan directa, tan sencilla, comparada con la escritura femenina. Denotaba tanta libertad de espíritu, tanta libertad personal, tanta confianza en sí mismo. Una tenía una sensación de bienestar físico ante esta mente libre, bien alimentada, instruida, que no habían boicoteado ni contrariado, sino que había gozado de plena libertad desde su nacimiento para expandirse como quisiera. Todo esto era admirable. Pero después de leer uno o dos capítulos, una sombra pareció atravesar la página. Era una sombra oscura que formaba la palabra «yo». Empecé a esquivarla hacia un lado y hacia otro para entrever el paisaje que había detrás. No estaba muy segura de si había un árbol o una mujer caminando. Se interponía siempre la palabra «yo». Empecé a cansarme del «yo». No obstante, este «yo» era un «yo» de lo más respetable; honesto y lógico; duro como una nuez y pulido durante siglos por la buena educación y la buena alimentación. Respeto y admiro a ese «yo» con todo el corazón, pero —pasé una o dos páginas, buscando alguna cosa u otra— lo peor de todo es que, a la sombra de la palabra «yo», todo es amorfo como la niebla. ¿Es un árbol? No, es una mujer. Pero… no tiene ni un hueso en el cuerpo —pensé, mirando a Phoebe, porque así se llamaba, que caminaba por la playa—. Entonces Alan se levantó y de golpe su sombra cubrió a Phoebe. Porque Alan tenía sus opiniones y Phoebe se ahogaba en ese río de opiniones.»

 

Ah, la maravillosa mente andrógina de Virginia Woolf analiza, en 1929, las circunstancias alrededor de la literatura y las mujeres. Poco le gustan esos libros llenos de quejas y anhelos, escritos por mujeres antes confinadas, sin dinero y sin cuarto propio. Porque solo en libertad, la mente (para Virginia una donde se puede ser hombre y mujer al mismo tiempo) es capaz de admirar las cosas en sí mismas. «Escribir lo que uno quiere escribir», dice, «es lo único que importa». Y largo ha sido el camino de nosotras las mujeres para llegar hasta eso.

97 años de Un cuarto propio, de Virginia Woolf.

Margarita Díaz de León Ibarra - Literatura EnEspiral


 

Querido Diego, te abraza Quiela de Elena Poniatowska

«Todos los días esperábamos a amigos que regresaban del frente. Y fue entonces cuando noté que tenías le mal du pays, volteabas los ojos hac...