Hablemos
de Ovidio y de cómo retoma los mitos más influyentes en la construcción del
pensamiento griego —la Guerra de Troya, el viaje de los
Argonautas o las hazañas de Teseo— y, en lugar de escuchar a los grandes
héroes, da voz a las mujeres. Mujeres que esperan, que se sienten traicionadas
o desamadas.
Ovidio, el poeta
romano, escribió en el
siglo I a.C. su obra Heroidas (o Cartas de las heroínas). Una
colección de cartas ficticias de amor y despecho escritas por los personajes
femeninos más famosos de la mitología dirigidas a los hombres que las
abandonaron. Ovidio revolucionó la literatura al convertir a las mujeres en
narradoras absolutas, desnudando su psicología de la intimidad brutal de la traición.
La Carta
II, escrita por la princesa tracia Filis a su esposo Demofonte, es una de
las más oscuras y potentes de la colección. Lo que parece un simple lamento de
amor es, en realidad, un asunto emocional y político: la humillación pública de
haber entregado un reino a un extranjero advenedizo que la dejó en la
ruina.
A
través de una estructura brillante, Filis pasa de la melancolía a la furia,
dejando al descubierto los cuatro ejes que sostienen su desesperación.
Veamos
primero una de las versiones del mito de Filis y Demofonte:
Filis es una princesa de Tracia y heroína
trágica de la mitología griega, célebre por su apasionado romance y trágico
final con Demofonte (hijo de Teseo).
- El encuentro: Demofonte, de regreso tras la
Guerra de Troya, llegó a las costas de Tracia, donde conoció a Filis, hija
del rey (Licurgo o Sitón según la versión).
- El matrimonio y la partida: Ambos se enamoraron y casaron,
pero Demofonte tuvo que viajar a Atenas para resolver asuntos urgentes.
- El cofre misterioso: Antes de partir, Filis le
entregó una caja sagrada consagrada a la diosa Rea, pidiéndole que solo la
abriera si perdía toda esperanza de volver a verla.
- El trágico final: Tras pasar meses sin noticias
de su esposo y creyéndose abandonada, Filis se quitó la vida (ahorcándose
o muriendo de tristeza).
- La metamorfosis: En varias tradiciones, los
dioses o la tierra transformaron su cuerpo en un almendro que, al ser
abrazado más tarde por el arrepentido Demofonte, floreció de golpe sin
tener hojas.
Los
4 pilares de una traición: Anatomía de la Carta II
[ El Reloj de Arena ] ───> 1. El cómputo
del tiempo
[ El Espejo Familiar ] ──> 2. El reproche
del linaje
[ El Trono Ultrajado ] ───> 3. La
vergüenza del extranjero
[ La Venganza Final ] ───> 4. El epitafio
condenatorio
1.
El tic-tac de la locura: El cómputo del tiempo
Filis
no empieza llorando; empieza contando. El primer eje de la carta es conteo
de los meses que han pasado desde que Demofonte zarpó. Ovidio plasma
magistralmente la psicología de la espera: Filis mira la luna, calcula las
mareas y se inventa excusas para justificar el retraso de su amante. La
tragedia estalla cuando se da cuenta de que los mismos vientos que se llevaron
las promesas de Demofonte son los que hoy le impiden volver. El tiempo no cura;
aquí, el tiempo condena.
2.
"De tal palo, tal astilla": El reproche del linaje
Este
es el giro más afilado de la carta. Filis ataca el orgullo de Demofonte
recordándole quién es su padre: el héroe Teseo. Pero no lo alaba por matar al
Minotauro; lo destruye recordándole que Teseo también fue un traidor que
abandonó a Ariadna en una isla desierta. Filis le espeta que, de todas las
grandes hazañas de su padre, Demofonte decidió heredar la única que da
vergüenza: el arte de engañar a las mujeres que lo salvan.
3.
El enemigo en casa: La vergüenza y el estigma del extranjero
Este
eje concentra la mayor carga política y social del poema. En el mundo antiguo,
la hospitalidad era sagrada, pero casarse con un extranjero conllevaba un
riesgo enorme. Filis se lamenta con desesperación por haber sido una anfitriona
ciega: le abrió las puertas de su hogar a un náufrago forastero, le entregó su
virginidad, sus riquezas y, peor aún, el control de la corona de Tracia.
Al
huir, Demofonte no solo la abandona como mujer, sino que deshonra a toda la
nación tracia. El dolor de Filis se multiplica por la culpa y la humillación:
sus propios súbditos y pretendientes tracios —guerreros de su sangre a los que
ella rechazó— ahora se burlan en los pasillos del palacio. El juicio político y
social es implacable: la princesa entregó el reino a un ateniense mentiroso
que los usó y los desechó. La condición de extranjero de Demofonte
transforma el desamor en una traición a la patria.
4.
El veredicto final: El epitafio como arma
La
carta no cierra con una súplica de amor, sino con una promesa de muerte. Filis
recupera el control de su narrativa a través del suicidio. En los últimos
párrafos, detalla con escalofriante frialdad los métodos que baraja para morir,
pero guarda su última estocada para el final: el epitafio de su tumba. Sabe que
las cartas se las lleva el viento, pero la piedra permanece. Escribe un
epitafio que colgará la culpa del asesinato en el cuello del extranjero
Demofonte para toda la eternidad.
Detrás
del papiro: ¿De dónde salió esta historia?
Aunque
Ovidio inmortalizó a Filis para la posteridad, él no inventó este mito. La
historia no aparece en los cantos épicos más antiguos como la Ilíada de
Homero. La primera mención registrada de la que se tiene constancia pertenece
al poeta griego Calímaco de Cirene en el siglo III a.C.
Calímaco
utilizó el drama de la princesa para explicar de forma poética el origen de un
lugar real en Tracia llamado "Los Nueve Caminos", bautizado así por
las nueve veces que Filis bajó desesperada a la orilla del mar esperando ver
las velas del barco de Demofonte. Ovidio tomó esa breve referencia de la
literatura helenística y le inyectó la genialidad psicológica que hoy nos sigue
atrapando.
El
giro final: El misterio del almendro (que no leerás en la carta)
Si
decides abrir las Heroidas para leer esta epístola completa, te llevarás
una sorpresa: en la carta de Ovidio no se menciona la famosa transformación
de Filis en árbol.
Como
el texto está escrito antes de que ella se quite la vida, la carta
termina en la más absoluta y desgarradora oscuridad humana. Sin embargo, la
mitología posterior no pudo soportar un final tan desolador y nos regaló uno de
los símbolos más hermosos de la literatura clásica: la metamorfosis.
La
tradición cuenta que, tras colgarse por amor, los dioses se apiadaron de Filis y
la convirtieron en un almendro seco. Cuando Demofonte regresó demasiado tarde
y, devorado por la culpa, abrazó el tronco llorando, el árbol reaccionó a su
calor floreciendo de golpe, antes incluso de que le brotaran las hojas.
Ovidio
prefirió dejarnos con el grito crudo de la reina traicionada, pero la mitología
nos recuerda con el almendro que, a veces, la belleza y el perdón florecen
justo donde el dolor parecía haberlo secado todo. Cuando leas la carta
completa, no verás solo mitología; verás el retrato vivo de un corazón roto que
decide no callarse.
Imagen: El árbol del perdón (1881-1882) Sir
Edward Burne Jones.
Dra. Margarita Díaz de León Ibarra
