En la
mitología griega, Jasón es recordado por liderar a los Argonautas y conquistar
el Vellocino de Oro. Sin embargo, detrás de sus hazañas épicas se encuentra el
mito de Hipsípila, la reina de la isla de Lemnos; un relato que se convirtió en
pilar literario.
1. Antes
de la llegada de los héroes, la diosa Afrodita maldijo a las mujeres de la isla
de Lemnos con un olor insoportable debido a que no le rendían culto. A causa de
esto, sus esposos las abandonaron por concubinas extranjeras. Despechadas y
furiosas, las lemnias masacraron a todos los hombres de la isla.
La
única que rompió el pacto de sangre fue Hipsípila, la hija del rey Toante.
Incapaz de asesinar a su padre, lo escondió en un cofre de madera y lo lanzó al
mar para salvarle la vida. Tras la masacre, ella asumió el trono de la nueva
sociedad conformada exclusivamente por mujeres.
Cuando
la nave Argo desembarcó en Lemnos, las mujeres inicialmente temieron un ataque,
pero terminaron ofreciendo un “amoroso hospedaje” a los viajeros para repoblar
la isla. Hipsípila recibió con honores a Jasón y le ocultó el crimen colectivo
que se había cometido. Se enamoraron, y el héroe griego le juró fidelidad
eterna. La tripulación se quedó en Lemnos disfrutando de banquetes y placeres
durante meses, hasta que el héroe Hércules los obligó a continuar con su misión
divina. Jasón partió, dejando a Hipsípila embarazada de mellizos (Euneo y
Nebrófono), prometiendo regresar, una promesa que jamás cumplió.
Tiempo
después de la partida de los Argonautas, las mujeres de Lemnos descubrieron que
su reina había salvado a su padre Toante. Considerando esto una traición
imperdonable, derrocaron a Hipsípila y la condenaron a muerte. Hipsípila se vio
obligada a huir con sus hijos, pero fue capturada por piratas y vendida como
esclava a Licurgo, el rey de Nemea, donde terminó trabajando como nodriza.
Tras
abandonar la isla de Lemnos, Jasón y los Argonautas continuaron su viaje hacia
la Cólquide, enfrentándose a una serie de peligros mortales, monstruos y
pruebas divinas en el mar Egeo y el mar Negro antes de conseguir el Vellocino
de Oro.
Los
Argonautas llegaron a la península de Propóntide, donde el joven rey Cícico los
recibió con gran hospitalidad. Tras zarpar de nuevo, una tormenta feroz los
empujó de vuelta a la misma costa durante la noche. Al no reconocerse en la
oscuridad, los habitantes locales pensaron que eran invasores y los Argonautas
creyeron que eran enemigos. Se desató una feroz batalla en la que Jasón mató
accidentalmente al rey Cícico. Al amanecer, al descubrir la terrible
equivocación, los héroes lloraron a las víctimas y celebraron solemnes juegos
funerarios en su honor.
Poco
después, la tripulación se detuvo en Misia para buscar agua y reparar un remo
roto. El joven Hilas, el compañero más querido de Hércules, fue a buscar agua a
una fuente, donde las ninfas del lugar quedaron cautivadas por su belleza y lo
arrastraron al fondo del agua. Desesperado, Hércules se adentró en el bosque
para buscarlo y no regresó. Para no perder el viento favorable, los Argonautas
tomaron la dura decisión de continuar el viaje sin Hércules.
En la
tierra de los bébrices, el arrogante rey Ámico desafiaba a luchar a muerte a
todo extranjero que llegara a sus dominios. El argonauta Pólux, uno de los
gemelos Dioscuros y campeón de lucha, aceptó el reto y logró derrotar y matar
al tirano con un golpe certero.
Al
llegar a Tracia, encontraron al rey y adivino ciego Fineo, quien sufría un
castigo de Zeus: cada vez que intentaba comer, las Harpías (monstruos con
cuerpo de ave y rostro de mujer) robaban y contaminaban sus alimentos. Dos
argonautas alados, los hermanos Zetes y Calais (hijos del viento Bóreas),
persiguieron a las Harpías y las ahuyentaron para siempre. En agradecimiento,
Fineo reveló a los Argonautas el secreto para superar el peligro más grande del
viaje.
Estas
eran unas rocas gigantescas flotantes que chocaban entre sí, destruyendo
cualquier barco que intentara cruzar el estrecho del Bósforo. Siguiendo el
consejo de Fineo, Jasón soltó una paloma antes de cruzar. Las rocas se
cerraron, atrapando solo las plumas de la cola del ave; cuando comenzaron a
abrirse de nuevo, los Argonautas remaron con todas sus fuerzas. El barco Argo
cruzó sufriendo solo daños menores en la popa. A partir de ese momento, según
la profecía, las Simplégades quedaron fijas para siempre.
Finalmente,
tras superar estos desafíos, la nave entró en el río Fasis, en la Cólquide (la
actual Georgia). Allí, Jasón se encontraría con el rey Eetes y con la hechicera
Medea, quien se convertiría en la pieza clave para que el héroe pudiera cumplir
las imposibles tareas reales, domar a los toros que respiraban fuego y,
finalmente, arrebatar el Vellocino de Oro de las garras del dragón guardián.
2. El
dolor con voz propia: Ovidio y la literatura del abandono
Mientras
las grandes epopeyas se concentraban en las conquistas de los Argonautas,
poetas posteriores decidieron cambiar el centro de la narrativa. El escritor
romano Ovidio, en su obra Heroidas —elegías epistolares—, decidió colocar en segundo plano a
los héroes para dar voz a las mujeres silenciadas en mitos y épicas. A través
de una desgarradora carta ficticia, Hipsípila confronta a Jasón no como una
víctima sumisa, sino como una reina herida que reclama su dignidad. Al
contrastar su propio linaje con el de la “bárbara” Medea —la nueva conquista de
Jasón—, Ovidio no solo enriquece el mito, sino que sienta las bases de la
literatura epistolar y psicológica, demostrando que el dolor del desamor
también es materia de alta poesía.
3. La
justicia poética: De la esclavitud al juicio de Dante
El
destino de Hipsípila tras la partida de la nave Argo estuvo plagado de
desgracias, incluyendo su trágica etapa como nodriza en Nemea, donde un
terrible descuido le costó la vida al hijo del rey. Siglos después del
esplendor griego, el poeta medieval Dante Alighieri se encargó de aplicar una
severa justicia divina en su Divina
Comedia. En los círculos del Infierno, la destreza militar de Jasón no
tiene ningún valor. Dante condena al líder argonauta al foso de los seductores,
castigándolo a ser azotado eternamente por demonios. De este modo, la tradición
literaria cierra el círculo: el héroe que humilló a una mujer con total
impunidad en Lemnos termina pagando el precio de su crueldad en la eternidad
del inframundo.
4. La
historia de Hipsípila demuestra que los mitos griegos son espejos de la condición
humana. Mientras que las epopeyas tradicionales glorificaban la ambición de
Jasón, autores posteriores como Ovidio y Dante prefirieron hacer justicia
poética. Al darle voz al dolor de la reina abandonada o al colocar al héroe en
los círculos más profundos del Infierno, la literatura transformó el mito en
una reflexión sobre la lealtad y la traición.
El
mito de Hipsípila nos deja ante una de las preguntas más fascinantes de la
literatura clásica: ¿fue su desgracia un castigo injusto del destino por romper
el pacto con las mujeres de su pueblo, o simplemente la consecuencia de cruzarse
con un héroe sin valor en la palabra? Aunque ella sufrió el dolor del exilio y
la esclavitud, el tiempo terminó por hacerle justicia, devolviéndole su
libertad, mientras que la mitología reservó para Jasón un final solitario y
trágico.
Imagen:
“Jasón y la reina Hipsípila con las mujeres de Lemnos” del pintor Piero di
Cosimo.
Dra. Margarita Díaz de León Ibarra

