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viernes, 2 de octubre de 2026

El mito de Hipsípila y Jasón en la tradición literaria


 

En la mitología griega, Jasón es recordado por liderar a los Argonautas y conquistar el Vellocino de Oro. Sin embargo, detrás de sus hazañas épicas se encuentra el mito de Hipsípila, la reina de la isla de Lemnos; un relato que se convirtió en pilar literario.

 

1. Antes de la llegada de los héroes, la diosa Afrodita maldijo a las mujeres de la isla de Lemnos con un olor insoportable debido a que no le rendían culto. A causa de esto, sus esposos las abandonaron por concubinas extranjeras. Despechadas y furiosas, las lemnias masacraron a todos los hombres de la isla.

La única que rompió el pacto de sangre fue Hipsípila, la hija del rey Toante. Incapaz de asesinar a su padre, lo escondió en un cofre de madera y lo lanzó al mar para salvarle la vida. Tras la masacre, ella asumió el trono de la nueva sociedad conformada exclusivamente por mujeres.

 

Cuando la nave Argo desembarcó en Lemnos, las mujeres inicialmente temieron un ataque, pero terminaron ofreciendo un “amoroso hospedaje” a los viajeros para repoblar la isla. Hipsípila recibió con honores a Jasón y le ocultó el crimen colectivo que se había cometido. Se enamoraron, y el héroe griego le juró fidelidad eterna. La tripulación se quedó en Lemnos disfrutando de banquetes y placeres durante meses, hasta que el héroe Hércules los obligó a continuar con su misión divina. Jasón partió, dejando a Hipsípila embarazada de mellizos (Euneo y Nebrófono), prometiendo regresar, una promesa que jamás cumplió.

 

Tiempo después de la partida de los Argonautas, las mujeres de Lemnos descubrieron que su reina había salvado a su padre Toante. Considerando esto una traición imperdonable, derrocaron a Hipsípila y la condenaron a muerte. Hipsípila se vio obligada a huir con sus hijos, pero fue capturada por piratas y vendida como esclava a Licurgo, el rey de Nemea, donde terminó trabajando como nodriza.

 

Tras abandonar la isla de Lemnos, Jasón y los Argonautas continuaron su viaje hacia la Cólquide, enfrentándose a una serie de peligros mortales, monstruos y pruebas divinas en el mar Egeo y el mar Negro antes de conseguir el Vellocino de Oro.

 

Los Argonautas llegaron a la península de Propóntide, donde el joven rey Cícico los recibió con gran hospitalidad. Tras zarpar de nuevo, una tormenta feroz los empujó de vuelta a la misma costa durante la noche. Al no reconocerse en la oscuridad, los habitantes locales pensaron que eran invasores y los Argonautas creyeron que eran enemigos. Se desató una feroz batalla en la que Jasón mató accidentalmente al rey Cícico. Al amanecer, al descubrir la terrible equivocación, los héroes lloraron a las víctimas y celebraron solemnes juegos funerarios en su honor.

 

Poco después, la tripulación se detuvo en Misia para buscar agua y reparar un remo roto. El joven Hilas, el compañero más querido de Hércules, fue a buscar agua a una fuente, donde las ninfas del lugar quedaron cautivadas por su belleza y lo arrastraron al fondo del agua. Desesperado, Hércules se adentró en el bosque para buscarlo y no regresó. Para no perder el viento favorable, los Argonautas tomaron la dura decisión de continuar el viaje sin Hércules.

 

En la tierra de los bébrices, el arrogante rey Ámico desafiaba a luchar a muerte a todo extranjero que llegara a sus dominios. El argonauta Pólux, uno de los gemelos Dioscuros y campeón de lucha, aceptó el reto y logró derrotar y matar al tirano con un golpe certero.

 

Al llegar a Tracia, encontraron al rey y adivino ciego Fineo, quien sufría un castigo de Zeus: cada vez que intentaba comer, las Harpías (monstruos con cuerpo de ave y rostro de mujer) robaban y contaminaban sus alimentos. Dos argonautas alados, los hermanos Zetes y Calais (hijos del viento Bóreas), persiguieron a las Harpías y las ahuyentaron para siempre. En agradecimiento, Fineo reveló a los Argonautas el secreto para superar el peligro más grande del viaje.

 

Estas eran unas rocas gigantescas flotantes que chocaban entre sí, destruyendo cualquier barco que intentara cruzar el estrecho del Bósforo. Siguiendo el consejo de Fineo, Jasón soltó una paloma antes de cruzar. Las rocas se cerraron, atrapando solo las plumas de la cola del ave; cuando comenzaron a abrirse de nuevo, los Argonautas remaron con todas sus fuerzas. El barco Argo cruzó sufriendo solo daños menores en la popa. A partir de ese momento, según la profecía, las Simplégades quedaron fijas para siempre.

 

Finalmente, tras superar estos desafíos, la nave entró en el río Fasis, en la Cólquide (la actual Georgia). Allí, Jasón se encontraría con el rey Eetes y con la hechicera Medea, quien se convertiría en la pieza clave para que el héroe pudiera cumplir las imposibles tareas reales, domar a los toros que respiraban fuego y, finalmente, arrebatar el Vellocino de Oro de las garras del dragón guardián.

 

2. El dolor con voz propia: Ovidio y la literatura del abandono

Mientras las grandes epopeyas se concentraban en las conquistas de los Argonautas, poetas posteriores decidieron cambiar el centro de la narrativa. El escritor romano Ovidio, en su obra Heroidas —elegías epistolares—, decidió colocar en segundo plano a los héroes para dar voz a las mujeres silenciadas en mitos y épicas. A través de una desgarradora carta ficticia, Hipsípila confronta a Jasón no como una víctima sumisa, sino como una reina herida que reclama su dignidad. Al contrastar su propio linaje con el de la “bárbara” Medea —la nueva conquista de Jasón—, Ovidio no solo enriquece el mito, sino que sienta las bases de la literatura epistolar y psicológica, demostrando que el dolor del desamor también es materia de alta poesía.

 

3. La justicia poética: De la esclavitud al juicio de Dante

El destino de Hipsípila tras la partida de la nave Argo estuvo plagado de desgracias, incluyendo su trágica etapa como nodriza en Nemea, donde un terrible descuido le costó la vida al hijo del rey. Siglos después del esplendor griego, el poeta medieval Dante Alighieri se encargó de aplicar una severa justicia divina en su Divina Comedia. En los círculos del Infierno, la destreza militar de Jasón no tiene ningún valor. Dante condena al líder argonauta al foso de los seductores, castigándolo a ser azotado eternamente por demonios. De este modo, la tradición literaria cierra el círculo: el héroe que humilló a una mujer con total impunidad en Lemnos termina pagando el precio de su crueldad en la eternidad del inframundo.

 

4. La historia de Hipsípila demuestra que los mitos griegos son espejos de la condición humana. Mientras que las epopeyas tradicionales glorificaban la ambición de Jasón, autores posteriores como Ovidio y Dante prefirieron hacer justicia poética. Al darle voz al dolor de la reina abandonada o al colocar al héroe en los círculos más profundos del Infierno, la literatura transformó el mito en una reflexión sobre la lealtad y la traición.

 

El mito de Hipsípila nos deja ante una de las preguntas más fascinantes de la literatura clásica: ¿fue su desgracia un castigo injusto del destino por romper el pacto con las mujeres de su pueblo, o simplemente la consecuencia de cruzarse con un héroe sin valor en la palabra? Aunque ella sufrió el dolor del exilio y la esclavitud, el tiempo terminó por hacerle justicia, devolviéndole su libertad, mientras que la mitología reservó para Jasón un final solitario y trágico.

 

Imagen: “Jasón y la reina Hipsípila con las mujeres de Lemnos” del pintor Piero di Cosimo.

 

Dra. Margarita Díaz de León Ibarra


El mito de Hipsípila y Jasón en la tradición literaria

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