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viernes, 27 de mayo de 2022

Saramago 100


Saramago nos da múltiples motivos para celebrar su gran obra. Vivió como escribió: transformando la ética en estética con lucidez e integridad. Tanto, que deja perplejos a los ojos del siglo XXI ante indicios y claves que revelan quiénes somos.

Regresar a su obra es retornar al hogar de los abuelos en Las pequeñas memorias; a la cama de sábanas limpias en El cerco de Lisboa; a la puerta donde duerme un perro negro entre Las intermitencias de la muerte.

Sus personajes son más humanos, que muchas personas que conocemos. Nos lo dice su José del Evangelio lleno de sueños y de culpas; te lo ha dicho don José de Todos los nombres, al encontrar en el amor la salvación; me lo dirá siempre el niño José, eco que tiempo después será vida en sus novelas.

Miro en Saramago la dignidad y la convicción de que la historia individual es la colectiva. Todas y todos hemos caminado bajo la lluvia con el temor de caer en el olvido. Cada pareja es todas las parejas, cada historia de amor es todo el amor, cada dictadura es todas las dictaduras. Nos devuelve a viejos relatos y los dota de nuevos significados. Rescata palabras ya dichas, derrumba sus altares y las coloca entre mujeres y hombres que se encuentran y se desencuentran entre su escritura irónica, punzante, demoledora y pesimista.

Saramago es un prodigio de los diálogos. Por medio de ellos, nos acerca a los asuntos de frente a la lectura: se pone a prueba y devela el error, dice y se desdice, enfatiza y duda, va y viene entre la transcendencia y lo cotidiano, entre la tragedia, la melancolía y la comedia, con personajes reflejantes.

Como todo gran escritor, su prosa es el poema del devenir. Sólo así logra que sus novelas sean viajes hacia la profundidad de la identidad. Se asoma a la ficción con guiños de verosimilitud, para reducir excesos literarios. Me toma de la mano para decirme: entre tú y yo escribimos una historia que trata de ti y de mí en el hueso y la carne del papel.

Saramago es un territorio lleno de caminos para comprender lo humano.

Hoy necesitamos Ensayo sobre la lucidez, para darnos cuenta que la literatura sin él florece en la inmundicia del entretenimiento. Tantas casas editoriales y tantas y tantos escribientes vacunados contra el fracaso, defensores del éxito individual, perseguidores de fortuna, fama y prestigio que, sin lucha, sin credo, sin ideología, reducen la lectura a un acto de consumo de historias perdidas en la desmemoria de la lectura fácil.





 

 

sábado, 30 de abril de 2022

Apropiación del Caín de Saramago

Como un Prometeo de entrañas carcomidas, José Saramago crea un diálogo con el dios de las alturas para cuestionar castigos, marcas y exilios. Una paradoja teológica: un escritor ateo escribe sobre Dios con profunda religiosidad. 

Así como Prometeo discute con los dioses, lo hace Caín. No con la abstracción divina creada por la muerte, sino con el dios idolatrado creado por las sangrientas ecclesias enriquecidas. 

Cuestionar. Confrontar. 

¿Cómo es posible tanta violencia?

Comparto un poema que escribí a la luz de mi lectura de “Caín” de José Saramago.


¿Acaso existe el yo?

Soy

¿por tanto existo?

¿por tanto pienso?

¿por tanto siento 

y si digo yo yo yo yo yo

¿soy yo quién dice yo?

ecos, pliegues, doblez

multiplicación

de tantas que me habitan

escucho sus voces 

en aire, en tintas

elijo ser una

para vivir en paz

pero eso no es tan sencillo

me brotan gestos y palabras 

de fantasmas que me habitan

me digo

¿cómo he podido decir?

¿cómo he podido hacer?

¿cómo he podido sentir?

no he sido yo, les digo

la otra las otras una otra tantas otras

en mí

la buena la mala la generosa la egoísta

es fácil exculpase

me controlan la sombría y la lúcida

no es locura

es plasticidad

lo mismo me ocurre con lo divino

una multiplicidad de rostros

dios creador legislador castigador

misericordia

¿a cuál me acojo?

leo Caín

 la historia saramaguence

su ficción otro rostro en la novela

nacida del absurdo

humano mentira falsedad

en ella Lilith

la miro en mí

no creada de costilla

sino de polvo que levanta el viento

libre ventisca

mueve ramas hacia las nubes

mueve cascadas hacia las rocas

su vuelo es su castigo

quiere ser fijada como mariposa en tabla

pinchada herida disecada 

y bella

postrada y vasalla

se va se exilia se arroja a la soledad

libre

como Caín

marcada y manchada.









Querido Diego, te abraza Quiela de Elena Poniatowska

«Todos los días esperábamos a amigos que regresaban del frente. Y fue entonces cuando noté que tenías le mal du pays, volteabas los ojos hac...