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sábado, 11 de junio de 2022

Hablo por mí

 Manifiesto:

Mi feminidad, mi afán por la lectura, mi terneza materna, mi estado en construcción.

La naturaleza del eros melancólico en mi poesía.

La negación de poetizar el amor.

Mi falta de pretensión de escribir algo nuevo.

El uso de lugares comunes, pero eso no me desvaloriza.

Mi voz lírica en el sedimento de lo dicho.

La supremacía de lo velado, sobre imposibilidad del hallazgo.

Mi rechazo a los versos-moraleja.

El inacabado quehacer de lo que deseo hacer de mí como poeta.

El interés por crear otra voz -procedente de la propia-, que también sea mía.

Manifiesto:

El milagro del día prolífico y el espasmo de la autocrítica.

La imprecisión entre lo posible y lo probable, entre lo real y lo imaginado en mi escritura.

El pacto ambiguo entre la confesión y la invención.

La escritura, como feliz fatalidad no cura, hiere.

Mujeres atrapadas por hombres de arena en el juego fatal del deseo.

La violencia del eros melancólico.

Pieles erotizadas por la obsesión, agotadas, regeneradas o no.

Voces que no exhalan lo puro ni lo transparente, sino que aspiran espesuras infértiles y oscuras.

El deseo es augur de herida.

La fugacidad del deseo como símil de la naturaleza del viento.

Manifiesto:

Mi fascinación por el descalabro y la caída.

La imposibilidad de revelar mundos inéditos, impalpables.

Mi soplo en los cuerpos líricos: los hincho, los inflamo, les lleno de sangre, de nubes, de pus, de goces fracturados.

La seducción en los estados cíclicos de los amantes: se desean, se desquician, se pierden, se melancolizan, se buscan… se encuentran… quieren abrazar lo inasible…

Mi incapacidad para concebir lo incorpóreo.

A Eros y sus fantasmas.

La analogía entre poema y grito.

La voz quebrada en primera persona en escrituras trasudadas.

El placer, el gozo, la llaga, la daga, de eros melancólico.

El misterio del deseo y el dolor.






domingo, 5 de junio de 2022

Poema 23. En Escala del 15 al 26 Revisitación

 

El poema 23 lo sentí en mí al caer la palabra siempre. Una palabra grave. Qué gravedad. Clama. Exclama. Grabada: se queda en la memoria.

“Palabra grave o llana”, me dice el lenguaje. Sin altos ni bajos. Plana.

¿Gravitatoria? No. Porque siempre no implica perturbación, intensidad, escala, potencia. El deseo sí es gravitatorio. Pero, el deseo no es para siempre. El cuerpo estallaría. La mente enloquecería. Nos mataría.

Hay amores fatales. De profunda intensidad. Entre más intenso, más breve. Su rompimiento es herida mortal.

La llaga es grave. Siempre.

La lesión es llana. Evidente.

El cuerpo es allanado.

La aceptación, violentada, quebrada.

Hay un tejido implícito, una mise en abyme opaca en el poema. Por debajo de mi voz lírica hay una narrativa. “Los grandes amantes no tienen hijos. Ni Isolda la de las blancas manos, ni Isolda la de los rubios cabellos tuvo hijos de Tristán; Nefertiti no dio hijos a Akenatón. La pasión que lo llena todo no obedece a las leyes de la Naturaleza sino a las del Espíritu.”. Es Inés Arredondo murmurando en mi oído “De amores” en Los espejos. Mi escritura se alimenta de ecos. Su libido es lectura.

Pasión / Pathos

Pasiones terrenas / Deseos celestes y luciferinos

Grave padecimiento: ni alivia ni mata. Llano.

Un ataque a la piedad.

Poema 23. Voz abismada. En el éxtasis. En la oscuridad de la penetración, el deseo de la diseminación. En la opacidad, el silencio. El augurio. La pesadilla. El miedo a que el azar trastoque el sueño de una mujer que se asume gozosa y festiva. Creada para el placer. Una mujer que presiente la verdad: la pasión no es para siempre.

En más de una ocasión me reitero que leo para escribir, que escribo para escribir acerca de las lecturas que habitan lo que he escrito.


* El video donde leo el poema está publicado en mis redes.

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