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domingo, 3 de julio de 2022

Afirmar el amor

Cuarto Creciente es mi cuarto poemario. Se publicará este año. Ciertas palabras clave, figuras de lenguaje, soportan su discurso y orientan su lectura. 

En ciertos pasajes irrumpe la figura del amor, con el propósito de reafirmar un discurso que hoy pocos sostienen.

Por tanto, escribir el amor es la tentativa de configurar un lenguaje que, en cierta medida, ha sido deportado de la actualidad literaria. Volver a situarlo en la creación estética, quizá sea una forma de restarle al hecho literario su extrema soledad.

En el Banquete dice Sócrates: amar sirve para "engendrar una multitud de hermosos y magníficos discursos". Probablemente la afirmación socrática sea el motivo por el cual el romanticismo hace de la pasión una fuerza sagrada y viva, por ende, el discurso pasional le abre la posibilidad a la obra inmortal. Así lo plantea Goethe en su Werther y en estudios culturales un bolero que me fascina:

Por alto que esté el cielo en el mundo

Por hondo que sea el mar profundo

No habrá una barrera en el mundo

Que mi amor profundo

No rompa por ti

Aquí quiero plantear algunas imposibilidades y probabilidades sobre el tema del amor en la poesía.

Primero. Lo amoroso tiene cierta imposibilidad para alojarse en la escritura. Se diría que tendría que escribirme. Pero mi yo en el poema sería vano. Se convertiría en un discurso intimista y confesional que a nadie importaría (sólo a mí, a mi terapeuta y a la curiosidad del otro). Con esto quiero decir que la autora sintomática se convierte en la enunciación de quien ama.

Segundo. En la semántica del amor, la palabra dolor es eco. Sin embargo, ¿cómo lograr el efecto dolorido con sólo escribir la palabra? Por eso el discurso del amor necesita de la escritura de lo Imaginario. Se crean imágenes con palabras. La imagen de la enamorada y su otro discurre en el lenguaje sensual de la pérdida: miro la noche resbalar en tu ausencia. Con esto pretendo decir que no existe el tema del amor en la poesía, sino la figura del amor en la poesía.

Tercero. El problema de escribir sobre el amor es también su expansión: decir poco o decir mucho. El amor es elíptico, porque sólo requiere de un gesto para ser. Es hiperbólico, porque sus emociones están en el linde del delirio. Con esto busco decir que la figura del amor es perspectivista, polifónica, multitonal.

Cuarto. La escritura amorosa no hace amar, ni compensa ni sublima. Crea una herida. Con esto intuyo que la configuración del amor en la poesía es un cuerpo. Viene del cuerpo y a él se dirige. Es centrípeta. Es cerrada. No se fuga a lo real.

En Cuarto Creciente la figura del amor pretende crear un lugar donde no estoy ni nadie está. Es crearme y crear a otro en el espacio Imaginario.

En todos los idiomas y todas las hablas se encuentra el discurso del amor, pero hoy está abandonado por los lenguajes circundantes. Hay que decir , escribir , afirmar el amor para que tenga lugar.

 

 


Imagen: “Tristán e Isolda” (1944) de Salvador Dalí

Tomada de: https://arthive.com/es/salvadordali/works/316265~Tristn_e_Isolda

 


domingo, 5 de junio de 2022

Poema 23. En Escala del 15 al 26 Revisitación

 

El poema 23 lo sentí en mí al caer la palabra siempre. Una palabra grave. Qué gravedad. Clama. Exclama. Grabada: se queda en la memoria.

“Palabra grave o llana”, me dice el lenguaje. Sin altos ni bajos. Plana.

¿Gravitatoria? No. Porque siempre no implica perturbación, intensidad, escala, potencia. El deseo sí es gravitatorio. Pero, el deseo no es para siempre. El cuerpo estallaría. La mente enloquecería. Nos mataría.

Hay amores fatales. De profunda intensidad. Entre más intenso, más breve. Su rompimiento es herida mortal.

La llaga es grave. Siempre.

La lesión es llana. Evidente.

El cuerpo es allanado.

La aceptación, violentada, quebrada.

Hay un tejido implícito, una mise en abyme opaca en el poema. Por debajo de mi voz lírica hay una narrativa. “Los grandes amantes no tienen hijos. Ni Isolda la de las blancas manos, ni Isolda la de los rubios cabellos tuvo hijos de Tristán; Nefertiti no dio hijos a Akenatón. La pasión que lo llena todo no obedece a las leyes de la Naturaleza sino a las del Espíritu.”. Es Inés Arredondo murmurando en mi oído “De amores” en Los espejos. Mi escritura se alimenta de ecos. Su libido es lectura.

Pasión / Pathos

Pasiones terrenas / Deseos celestes y luciferinos

Grave padecimiento: ni alivia ni mata. Llano.

Un ataque a la piedad.

Poema 23. Voz abismada. En el éxtasis. En la oscuridad de la penetración, el deseo de la diseminación. En la opacidad, el silencio. El augurio. La pesadilla. El miedo a que el azar trastoque el sueño de una mujer que se asume gozosa y festiva. Creada para el placer. Una mujer que presiente la verdad: la pasión no es para siempre.

En más de una ocasión me reitero que leo para escribir, que escribo para escribir acerca de las lecturas que habitan lo que he escrito.


* El video donde leo el poema está publicado en mis redes.

Facebook:

margarita.diazdeleon

MargaritaDiazDeLeonI

Instagram:

@margaritadli

@literaturaenespiral












viernes, 13 de mayo de 2022

Urdir

Hilo la palabra poemario. La bordo para hacer míos los sonidos que articulan la fuerza de su equilibrio. Siento sus derivados en un retal de telas albas y figuras negras en el frío de la noche.

Poemario, artefacto de lenguaje

Poetizar, discurrir de palabras

Poema, secuencia de imágenes 

Poética, sonido de encierro liberado

Poetría, materialidad de lo intangible 

Poeticidad, punta de partida sin punto final

Poemario, un artefacto, dije. Figura indeterminada que transporta la mirada hacia la memoria tejida por otros tiempos resistentes al olvido. Un hilo negro cose la invención. Urde con la aguja que hunde su punta en la almohada. Lastima. Me extrae una gota rubí. 


una puntada tras otra

en el desorden del recuerdo

labra la huella de la yema

la urdimbre

del delirio invisible


los suspiros invocan los sueños

donde se busca la historia

que hace melodías

ensartadas en el ojo de la aguja


la aguja no gime

llora la mano que la guía

al pasar por fibras roces deseos


zurzo la herida sin logro

su apertura no disminuye

aunque cruce hilos

aunque aplique suero sedante

sangre sana

su aguijón su veneno su dolor

es inevitable


la aguja deshila el suspiro

tejido a mí hundido

en la tembladura de la palabra

sonido punzado

grafía puntada

con la hebra del regreso










 


Querido Diego, te abraza Quiela de Elena Poniatowska

«Todos los días esperábamos a amigos que regresaban del frente. Y fue entonces cuando noté que tenías le mal du pays, volteabas los ojos hac...